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Olympus 35DC: una historia de amor

Hace un año viajé a Japón, y de casualidad, me topé en el barrio de Shimokitazawa con una Olympus 35DC. La tienda, que era en realidad una amalgama de productos de segunda mano, no era precisamente un lugar en el que comprar una cámara de segunda (o quizá ¿tercera? ¿cuarta?) mano, ya que la dueña de la tienda, desconocía si la cámara funcionaba y además, se encontraba en muy mal estado.

Pero tuve una especie de flechazo. Todas mis cámaras analógicas son de tipo reflex, y la idea de hacerme con una telemétrica me atraía muchísimo.

Sin embargo la dejé pasar y decidimos ir en su búsqueda al día siguiente. Visitamos unas cuantas tiendas del barrio de Shinjuku y finalmente dimos con ella.  

Comprar una cámara en Japón, sin tener ni idea del idioma, es todo un reto, porque mucha gente no habla inglés o su dominio es muy escaso. Pero ciertamente tienen cubierta, más o menos, esa traba proporcionando una mini guía del estado de las cámaras. 

El caso es que la cámara estaba en una condición muy buena y en la tienda daban una semana de garantía en caso de que no funcionase bien. La cuestión es que al día siguiente volvíamos a Madrid, así que cargamos un carrete, compramos unas pilas y fuimos a dar una vuelta por el barrio mientras hacíamos fotos. 

Algo que me encanta de Japón es que sigues encontrando lugares para revelar en una hora. Quizá la calidad no sea la mejor, pero sí que sirve para salir de dudas y ciertamente las tiendas de revelado están situadas estratégicamente. 

La Olympus 35 DC salió al mercado en el año 1971 y se trata de una cámara totalmente automática: solo permite seleccionar la ISO y la distancia de enfoque. Ella decide la apertura y la velocidad, pero si las condiciones de luz no son óptimas, directamente se bloquea y no permite el disparo. Aunque a priori pueda parecer que una cámara automática no da ningún juego, es en realidad una delicia porque solo tienes que preocuparte de enfocar y disparar. Además, un gran punto fuerte es su objetivo F.Zuiko de 40mm y f/1.7. Una auténtica maravilla. 

En honor a la verdad, quizá no es la cámara más práctica ya que no permite ningún tipo de decisión, pero es una de mis preferidas por ese factor sorpresa a la hora de revelar y por lo discreta y ligera que resulta, a pesar de su construcción de metal que le aporta una gran solidez.

No deja de asombrarme lo que esta pequeña cámara de casi 50 años, es capaz de hacer. Y, también hay que decirlo, me encanta pensar en que su anterior dueño probablemente fuese japonés y ahora se encuentra en mi colección, al otro lado del mundo. Algo que seguramente fuese difícil imaginar cuando se adquirió la cámara hace tantos años. 

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